FISH TANK

De bailes, redefiniciones  y  oportunidades hacía cualquier otra parte.

La vida puede parecernos una mierda. Tal cual. Empezar la reflexión de una película, nuestra Pecera (o Fish Tank, como reza su título original y nombre con el cual se estrenó en nuestro país) con semejante afirmación puede resultar cuanto menos arriesgada. Pero es precisamente lo que nos quiere transmitir su autora, Andrea Arnold, laureada directora inglesa, para explicar las motivaciones de su protagonista; Mia, princesa de extrarradio con ansias locas de escapar de su cárcel de cristal.

Y es que Mia (Katie Jarvis) se levanta en un mundo en donde sus aspiraciones terminan en los límites de su propio barrio. El suburbio, el sucio y deslenguado suburbio inglés, le dicta ser dura e implacable para poder sobrevivir; su madre no cree en ella (ni se interesa), no tiene amigos, tiene 15 años y ya ha abandonado los estudios. Y sin embargo, entre escucha y escucha de música hip-hop y rythm and blues, su cuerpo se mueve y con él sus sueños. Y así, cuando su mundo duerme, ella escapa a un piso para poder bailar. Y todo ello da un giro añadido cuando aparece el novio de su madre, Connor (Michael Fassbender, Shame, Prometheus); que le alienta, le motiva, le cuida. Mia comienza a soñar.

No es la primera vez que el cine centra su foco en el terreno suburbial y con vistas a nuevas oportunidades. Ocurría de manera dulce y esperanzadora en la compatriota Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000), en la estadounidense Girlfight (Karyn Kusama, 2000) o en la española Barrio (Fernando León de Aranoa, 2002). Retratos de supuestos juguetes rotos que no lo son tanto, que escupen tierra y serpientes y aun así aprenden a caer de pie. Retratos de personajes inconformistas, incapaces de quedarse quietos; sí, muestran su ira, su enfado, incluso la apatía y las ganas de dejarlo todo, pero ello es sólo una parte del proceso. Los personajes se mueven hacia delante y con ellos aprendemos lo difícil que es luchar con nuestros propios miedos, y si, de encontrarnos en la misma situación, seríamos capaces de movernos hacia alguna parte.

Hay que destacar la honestidad y naturalidad con la que se presentan a los personajes, no temiendo mostrarlos como seres antipáticos en un principio y dejando que sean sus acciones las que posibiliten una identificación o un rechazo por parte del espectador. Esto ocurre con los personajes de Mia y Connor, que siguen caminos opuestos. Ayuda a dicha identificación, y mucho, el diseño de algunas escenas (el baile de Mia al ritmo del California Dreaming, la primera vez que ésta utiliza la cámara, la escena de pesca en el río) realzando los pequeños detalles que reflejan el mundo emocional de los personajes (y que más tarde la directora hará gala de esa virtud en su adaptación al cine del libro Cumbres Borrascosas).

Por otro lado, resaltar una Katie Jarvis asombrosa; perfectamente acoplada a un personaje con fuerza y fiereza, pero también capaz de impregnar a su personaje de gestos llenos de vulnerabilidad e inseguridad. Un debut espléndido. A su lado, Michael Fassbender ofrece un Connor seductor y cercano; con un conocimiento absoluto de su cuerpo, sabiendo cómo ha de enamorar, cómo demostrar su ambivalencia, cómo mostrar su (in)sinceridad. Cada componente colocado para finalizar en un tercer acto incómodo, nada complaciente; y que plantea de qué modo la realidad se ajusta a patrones que nada tienen que ver con nuestros deseos.

Así, Fish Tank se convirtió en uno de los ejercicios más estimulantes del panorama independiente inglés en el año 2009; y por ello, queremos rescatar y reivindicarla. No es una película fácil, te asombrará la crudeza con la que Mia afronta su día a día, pero también, esa inquietud, esa claridad, con la que mira a través de su ventana.

Escrito por Caulfieldvd

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